Dohko
Kahdua
Kahdua era una joven semiorca que se había ganado la confianza de una familia de ancianos que eran parte de una pequeña comunidad refugiada en las montañas a pie de la cordillera Cola de Dragón. Poco a poco conquistó también a otros integrantes, haciendo trabajos pesados y con gestos de cuidado frente a distintas amenazas, tareas casi imposibles para las razas más pequeñas.
Un año y medio después de la llegada de Kahdua a las cuevas, la comunidad sufrió un ataque inesperado e incomprensible, al que ella no pudo hacerle frente sola, aunque si resistir para dar tiempo de escapar a algunos pocos. Hordas de orcos y criaturas desconocidas para Kahdua arrasaron rápidamente los refugios y almacenes distribuidos por la zona. Claramente era un ataque premeditado, había una clara intención de encontrar algo o alguien.
Entre gritos, espadazos y antorchas que prendían fuego todo a su paso, Kahdua, muy herida, logró escapar al pie de la montaña, sin poder continuar se escondió allí.
Los atacantes no lograron su cometido y se escabulleron en la noche sin dejar más rastros que un lugar destruido por completo.
El regimiento a dónde pertenecía Grees, que en ese momento se encontraba en Léir, debía iniciar una travesía, cruzar la cordillera Cola de Dragón para poder llegar lo antes posible a Naica. Antes de llegar a destino, en medio de las montañas, se encontraron con un lugar completamente devastado, un reciente ataque había destruido una gran cantidad de refugios y asentamientos que se encontraban por la zona. Los soldados decidieron incursionar para rescatar elementos de valor y buscar sobrevivientes.
En las primeras horas de caminata no había rastros de vida, ni de los causantes del ataque, pero al anochecer se pudo vislumbrar una pequeña fogata a lo lejos. Grees y tres soldados más fueron los encargados de registrar la zona.
Al acercarse, Grees logra observar un cuerpo inmóvil tendido junto a los restos de una pequeña fogata, era Kahdua, quien yacía inconsciente. Rápidamente los soldados la capturaron y la llevaron con el resto.
Al reunirse de nuevo con el pelotón, Grees reclamo a Kahdua como su propiedad.
Así es como ambos marcharon juntos hacia Naica.
El primer día fue muy duro para Kahdua, deshidratada y con heridas de gravedad era muy difícil mantener el paso del regimiento. Aun así, esto no bastó para que Grees se deshiciera de ella, conocía a la gente indicada que estaría dispuesta a pagar una gran suma de dinero a cambio de una esclava semiorca, no le quedaba más opción que disminuir el paso y quedarse hasta atrás del regimiento, forzando a Kahdua para que no se detenga. Caída la tarde el pelotón se instaló en un claro para pasar la noche y así como Kahdua se detuvo, cayó inconsciente del cansancio.
Al amanecer, con agua y sobras de comida en las manos, el soldado se acercó para despertarla, ella, asustada por su inesperada aparición, embistió contra él, empujándolo varios metros y haciéndolo tropezar, esto generó burlas al instante, lo que enfureció a Grees, quien lanzó contra el suelo la comida que le llevaba. El día continuó sin palabras, cada vez con paso más lento.
Pasadas las horas Grees notaba un leve tambaleo en ella, mayor lentitud, signos de deshidratación, por lo tanto, no tuvo más opción que ofrecerle un poco de agua nuevamente. Kahdua consciente de su situación, entre gruñidos, aceptó. En ese momento, al creer que la tensión había disminuido, él buscó iniciar una charla preguntándole sobre sus heridas, a lo que Kahdua, con mal gesto, no le respondió.
Los días continuaban, la comida fue un poco más abundante gracias al trabajo de caza, se vislumbraba mayores ánimos y fuerzas, sobre todo en la joven semiorca, esto facilitó la charla entre ambos. Pasaban demasiadas horas juntos como para evitar las preguntas, surgían dudas e intereses y por más que intentaban ignorarse, al tiempo se veían enredados en sus respuestas. Estos ratos de palabras hicieron nacer en Grees un gran interés por Kahdua, no lograba dejar de pensar como había sido su vida para llegar a ser una refugiada en las montañas. Ella, que poco había hablado sobre su persona, encontró allí un espacio para reflexionar todo lo que había vivido hasta el momento. La soledad, el desarraigo constante, el maltrato, hicieron de Kahdua una mujer absolutamente introvertida y dura cuando de sus pensamientos y sentimientos se trataba, pero era evidente, aunque incomprensible, que en Grees encontraba una pizca de contención e interés.
A estas alturas Grees atravesaba contradicciones muy grandes en su mente, hace cuatro días su único interés con respecto a Kahdua era ganar dinero a cambio de entregarla como esclava, pero esta idea estaba quedando atrás, otros sentimientos nacieron, sentía una atracción muy fuerte hacia ella y no sabía cómo manejarla.
Al quinto día el regimiento estaba a pocos kilómetros de Naica, finalmente Grees debería tomar una decisión, vender a Kahdua o dejarla en libertad. Conforme llegaban al pueblo sus compañeros, entre burlas y fanfarronadas, festejaban su afortunado negocio y el más nervioso se ponía. Al final era Grees quien disminuia el paso, queriendo demorar lo inevitable. Observó a Kahdua, aún encadenada y con su mirada perdida, la decisión estaba tomada.
Al llegar Grees se separó de sus compañeros y se dirigió hacia un pequeño barrio ubicado a las afueras, jamás hubo tanto silencio y tensión en todo el viaje como en ese momento. Kahdua entendía que si había una oportunidad para escapar era esa, pero Grees, que con una mano sostenía las cadenas y con la otra empuñaba su espada larga lista para desenvainar, no se despegaba de ella. Finalmente llegaron a una casa bastante vieja, donde los atendió una anciana, detrás de ella se podía observar un grupo de seres sentados en una gran mesa, todos de distintas razas. Grees nunca fue bien recibido allí pero antes de que alguien pudiera decir algo alzó su voz y les pidió atención, explicó que Kahdua había perdido su hogar recientemente, necesitaba un lugar donde descansar y una oportunidad para reiniciar su vida. La anciana lo miró perpleja, claramente no esperaba un pedido así de su parte, volteó para mirar a Kahdua y con una gran sonrisa la invitó a pasar. Kahdua no despegaba sus ojos de él, perpleja, jamás pasó por su mente que eso sucediera, segundos después se escucharon las cadenas golpeando el suelo seguidas de un suave "adiós" mientras ingresaba a la casa.
Greta: - ¿Quien te crees para tratarme de esa forma? Los tipos como tú son la escoria de estas tierras, ebrios de poder, creen que por tener armadura y espada pueden hacer lo que se les plazca sin consecuencias.
Grees desenvainó su espada hasta la mitad y dijo: - ¡Insolente! ¡Te hice una pregunta! ¡RESPONDE!.
Greta: - ¡Ja! La única forma que tienes de imponer respeto es usar esa miserable espada, ¿Acaso piensas matarme Grees?.
Grees hizo un par de pasos al frente empujando a Greta para un costado y gritó: - ¡Kahdua! ¿Dónde estás? ¡Baja en este momento!
Greta: - Das lastima, ¿Se supone que eso es amor? ¿Acaso no lo entiendes? ¿Aún no te has dado cuenta? - Grees volteo y la miró fijo. - Kahdua murió… estupido, y solo tu tienes la culpa… maldigo el dia en que se tuvo que topar contigo, ¿con que derecho entras en su vida de esa forma? ¡Le das ilusiones y hasta un hijo! y... ¡¿Y luego no apareces por más de 3 años?!
Grees: - ¡¿Un hijo?! ¡Esa criatura no es mi hijo! - Grito golpeando con su antebrazo la pared. - Si de alguien es la culpa.. ¡Es solo de ella! No.. - Imágenes de Kahdua pasaron rápidamente por la mente de Grees y su mirada cayó lentamente al suelo - no manchare mis manos con su muerte.
Greta: - Ese niño es tu hijo Grees, no importa cuánto lo quieras negar, si hubieras estado en el parto quizás las cosas hubieran sido diferentes.
El rostro de Grees se tensaba nuevamente mientras escuchaba a Greta, con una respiración cortada levantó la mirada y dijo. - ¡Entonces todo esto es tu culpa! ¡Tu no pudiste salvarla! ¡¿Por qué no la ayudaste?!
Greta: - ¡Es suficiente! No permitiré que sigas en esta casa faltandonos el respeto a todos, ¡Si alguien tiene la culpa de todo esto eres tú! Fuiste tú quien la uso, y te guste o no cargaras con eso el resto de tu vida. ¡Vete! - gritaba Greta mientras agarraba un bracero y sin dudarlo se abalanzaba sobre Grees - ¡Que te vayas!
Grees volvió a envainar su espada mientras caminaba para atrás intentando esquivar los golpes de Greta, quedando finalmente en la entrada de la casa. Miro a Greta fijamente y le dijo - Pagarás por todo esto anciana. - Y se retiró.
Lo último que recuerdo de Grees es como hundía su espada en el pecho de Greta, mí abuela. Después de eso me llevó con él, me decía que me había rescatado, pero yo sé que hizo todo lo contrario, jamás me quiso con él, jamás me demostró afecto, jamás me cuido.. se limitaba a darme de comer. Con el tiempo entendí que sólo me tenía cerca porque así sentía que mi madre aún estaba viva.
Un día entendí que lo que Greta me había contado de él era cierto y que si quería ser libre tenía que hacer algo. Esa misma noche intenté apuñalarlo en la cara mientras dormía, pero fallé, la daga quedó incrustada en su ojo derecho y de un salto logró empujarme, lo bueno es que pude escapar y nunca más volví a saber de él.
A los días me escondí en una carreta mercante y terminé en Rego. Mi situación allí no fue mucho mejor, vivía corriendo entre callejones y pasillos, trepando los techos de las casas intentando escapar de los guardias, seguramente por haber robado un pan, fruta, de eso vivía, así sobrevivía. Más de una vez me metieron preso, acababa atado en un pozo, sin comida ni abrigo, únicamente bebía el agua de la lluvia, en épocas de sequía se hacía mucho más difícil. Me liberaban cuando alguien más tenía que ocupar mi pozo y así yo volvía a las calle, nuevamente a vivir del pan que robaba y a dormir en las copas de los árboles donde nadie llegaba.
Al tiempo conocí a Héctor, la única persona que me dio una oportunidad a parte de Greta. Me aclaró que el mundo era cruel y duro y que lo sería aún más para alguien como yo, que eso no lo podía cambiar, pero lo que sí podía hacer era darme un trabajo, la oportunidad de ser libre y honrado, la oportunidad de tener mis cosas sin tener que robarle a nadie, fue así que me convertí en leñador.
A partir de entonces todo mejoró, con esfuerzo pude tomar las riendas de mi vida y decidí alejarme de la ciudad. Construí una cabaña a las afueras de un bosque donde tenía mi huerta y mi ganado, únicamente bajaba cuando Héctor me necesitaba.
Un día decidí bajar a Rego a comprar provisiones pues se acercaba el invierno, entonces lo vi de nuevo, estaba allí, parado en la esquina del mercado, con una gran cicatriz en su ojo derecho, era Grees. Sentí en lo más profundo de mi ser que aún me estaba buscando y que si me veía no dudaría en matarme. No tendría problema en enfrentarme a él pero lamentablemente siempre estaba acompañado, aparte, seamos sinceros, que un mestizo como yo maté a un soldado en plena ciudad no está bien visto, aunque si soldado sea un asesino.
Fue entonces que decidí irme, claramente la vida de Héctor estaba en riesgo. Pasé por su cabaña para despedirme y luego por la mía para recoger mis cosas.
Cinco años después… Grees caminaba por las calles de Naica, pasos firmes que hacían resonar su armadura en cada esquina lo llevaban en dirección a la vieja posada, en su rostro se apreciaba una sutil sonrisa, algo que no se solía ver en él. Al llegar entró sin tocar y gritando dijo: - ¡Greta! ¡Vieja! ¿Dónde estás? ¿Hace tiempo que no vengo y así me recibes? Podrias comenzar por hacerme un buen desayuno... ¿no? -. Sin obtener respuesta se dirigió a la cocina. Mientras Grees observaba por una de las ventanas, Greta, la dueña de la posada, se asomo por una puerta ubicada detrás de él y en voz baja le dijo: - Te demoraste demasiado… -. Grees exaltado se dio la vuelta casi desenvainando su espada y al verla exclamó: - ¡Vieja! ¿como te apareces así? me asustaste. -. Greta, con una mezcla de dolor y enojo en su mirada le dijo: - Tenemos que hablar, sucedieron muchas cosas en tu ausencia. -. En lo que ella terminaba de hablar se escuchó a lo lejos una pequeña voz llamándola: - ¿Greta? ¿Dónde estás? ¡Encontré las tazas! -. Grees miró a Greta sin entender qué sucedía, cuando por detrás de ella se asomó una pequeña criatura. Medía quizás unos 80 cm, tenía la piel gris pálida, cabello oscuro como la noche sin luna, orejas similares a las humanas pero con una sutil punta en la parte superior y de su boca se asomaban pequeños colmillos. El pequeño vio a Grees, un hombre de gran porte, usando una armadura vieja y desgastada por las batallas, y sin sacarle los ojos de encima se aferró a las piernas de Greta: - ¿Quién es él? -. Preguntó con la voz temblorosa. -. Greta colocó su mano con cariño sobre la cabeza del pequeño y le dijo: - Dohko… te presento a Grees, el… Él es tu padre. -. Grees asustado y sin comprender lo que sucedía agarró fuertemente el brazo de Greta y la llevó a la habitación de al lado. Al llegar Greta soltó su brazo y mirándolo con rabia le dijo: - No me vuelvas a poner las manos encima. -. A lo que él respondió entre dientes: - ¿Donde mierda esta Kahdua? ¿Qué es todo esto? -. Iniciando así una gran discusión:
Dohko
Lo último que recuerdo de Grees es como hundía su espada en el pecho de Greta, mí abuela. Después de eso me llevó con él, me decía que me había rescatado, pero yo sé que hizo todo lo contrario, jamás me quiso con él, jamás me demostró afecto, jamás me cuido.. se limitaba a darme de comer. Con el tiempo entendí que sólo me tenía cerca porque así sentía que mi madre aún estaba viva.
Un día entendí que lo que Greta me había contado de él era cierto y que si quería ser libre tenía que hacer algo. Esa misma noche intenté apuñalarlo en la cara mientras dormía, pero fallé, la daga quedó incrustada en su ojo derecho y de un salto logró empujarme, lo bueno es que pude escapar y nunca más volví a saber de él.
A los días me escondí en una carreta mercante y terminé en Rego. Mi situación allí no fue mucho mejor, vivía corriendo entre callejones y pasillos, trepando los techos de las casas intentando escapar de los guardias, seguramente por haber robado un pan, fruta, de eso vivía, así sobrevivía. Más de una vez me metieron preso, acababa atado en un pozo, sin comida ni abrigo, únicamente bebía el agua de la lluvia, en épocas de sequía se hacía mucho más difícil. Me liberaban cuando alguien más tenía que ocupar mi pozo y así yo volvía a las calle, nuevamente a vivir del pan que robaba y a dormir en las copas de los árboles donde nadie llegaba.
Al tiempo conocí a Héctor, la única persona que me dio una oportunidad a parte de Greta. Me aclaró que el mundo era cruel y duro y que lo sería aún más para alguien como yo, que eso no lo podía cambiar, pero lo que sí podía hacer era darme un trabajo, la oportunidad de ser libre y honrado, la oportunidad de tener mis cosas sin tener que robarle a nadie, fue así que me convertí en leñador.
A partir de entonces todo mejoró, con esfuerzo pude tomar las riendas de mi vida y decidí alejarme de la ciudad. Construí una cabaña a las afueras de un bosque donde tenía mi huerta y mi ganado, únicamente bajaba cuando Héctor me necesitaba.
Un día decidí bajar a Rego a comprar provisiones pues se acercaba el invierno, entonces lo vi de nuevo, estaba allí, parado en la esquina del mercado, con una gran cicatriz en su ojo derecho, era Grees. Sentí en lo más profundo de mi ser que aún me estaba buscando y que si me veía no dudaría en matarme. No tendría problema en enfrentarme a él pero lamentablemente siempre estaba acompañado, aparte, seamos sinceros, que un mestizo como yo maté a un soldado en plena ciudad no está bien visto, aunque si soldado sea un asesino.
Fue entonces que decidí irme, claramente la vida de Héctor estaba en riesgo. Pasé por su cabaña para despedirme y luego por la mía para recoger mis cosas.
Salí al atardecer rumbo a las Estepas del Este, en algún momento cuando vivía en las calles de Rego escuché que allí había una muy pequeña aldea que daba hogar a personas de diferentes razas, si había un lugar en Ilimar que se asemejaba a la posada de Greta seguramente era este.
Me tomó varias semanas llegar y es que la verdad disfrutaba de mi soledad alejado de la civilización, pero ahí estaba, …, una pequeña aldea construida a las orillas de un río cerca del Bosque Plateado.
Desde allí mi vida cambió, conocí una pequeña familia formada por Ute una joven mediana y Evan, su padre. Ute era aprendiz druida, desde el principio sentimos una conexión, jamás me había pasado algo así. A los dos años nació nuestro hijo Kut, el momento mas feliz de mi vida.
…
Pero como alguna vez me dijo Héctor el mundo es cruel, más para personas como nosotros…
Yo regresaba de una cacería, me había llevado más días de lo que pensaba, ya a kilómetros de distancia se podía ver el humo elevándose por el cielo, me invadió la angustia. Al llegar a… encontré a Evan muerto en el puente, junto a otros había intentado impedir que ingresen a la aldea. Corrí lo más rápido que pude imaginándome el peor final para Ute y Kut…
Encontré a Ute junto a la cuna, sorprendentemente estaba viva.. como si hubiera soportado todo ese tiempo únicamente para esperarme y decirme que había colocado en Kut su amuleto antes de que se lo lleven, que tenía que encontrarlo.. Las dos mujeres más importantes de mi vida se habían ido de la misma forma... y yo no fui capaz de hacer nada para salvarlas. Al menos pude estar con ella al final.
Tengo que encontrar a Kut, se lo prometí.
